Luis Alfonso de Borbón, tras el fracaso de su "chino fino", pierde más de 100.000 euros con otro negocio
Luis Alfonso de Borbón y su mujer, Margarita Vargas, han declarado más de 100.000 euros de pérdidas en la empresa con la que gestionan su marca de juegos de mesa

Luis Alfonso de Borbón, en una imagen de redes sociales.
En plena pandemia, Luis Alfonso de Borbón tuvo una idea de negocio: comercializar juegos de mesa que promoviesen el conocimiento de España.
Aunque primero lo intentó con Francia (recordemos que él podría ser el monarca francés si el país galo no fuese una república), la cosa no terminó de cuajar, y el hijo de Carmen Martínez-Bordiú trasladó su idea a nuestro país.
Así nació Juega España, una serie de juegos de mesa en formato barajas de cartas de preguntas y respuestas, que versan sobre diversos temas: desde Dios a los toros o la caza, pasando por la historia de nuestro país.
Los juegos están disponibles en su página web por 25 euros cada uno.

Los juegos de cartas de Luis Alfonso de Borbón.
"Durante meses, me encerré en mi despacho a estudiar y repasar la historia para buscar las mejores opciones y preguntas que además fueran entretenidas. Es un juego como el Trivial, para reunirse con los amigos y la familia", explicaba a Vanitatis el duque de Anjou, añadiendo que "es una manera de dejar un legado a mis cuatro hijos. Lo bueno que tiene es que puede participar toda la familia y de distintas generaciones".
Los juegos de Luis Alfonso de Borbón declaran más de 100.000 euros de pérdidas

Luis Alfonso de Borbón y su mujer, Margarita Vargas.
Ahora, el mismo medio señala que "la empresa a través de la cual gestionan la comercialización de estos juegos acaba de presentar sus cuentas en el Registro Mercantil y en el ejercicio 2023 declara pérdidas de 116.000 euros".
Se trata de una compañía cuyos administradores solidarios son, precisamente, Luis Alfonso de Borbón y su mujer, Margarita Vargas.

La pareja, en una imagen de archivo.
El de Juega España es otro negocio fallido para Luis Alfonso de Borbón, que hace unos meses abrió en Madrid "un chino, pero fino" y, apenas unas semanas después, el propietario del local que alquilaron para poner la tienda le reclamó una deuda de 30.000 euros.