María Eugenia Yagüe: “El duque de Feria me confesó que quería casarse en la cárcel”
La periodista, que presenta nuevo libro, mantuvo correspondencia con Rafael Medina mientras éste estuvo encarcelado

María Eugenia Yagüe en una foto de archivo.
El ducado de Medinaceli es uno de los más antiguos de España, y María Eugenia Yagüe incursiona en la vida de una familia clave en el mundo de la aristocracia, publicando ‘Los Medinaceli. Nobleza y escándalos’ (ed. La Esfera de los Libros). Rafael Medina, duque de Feria e hijo de Victoria Eugenia Fernández de Córdoba, a la que sus allegados llamaban Mimi, y que fue la XVIII duquesa de Medinaceli, ocupa, para desgracia de los suyos, el lugar más polémico y escandaloso del núcleo familiar.
PRONTO: A Rafael le definieron como la oveja negra de la familia.
MARÍA EUGENIA YAGÜE: Fuimos muy buenos amigos, y comenzó a caer en los infiernos cuando se enteró de que su esposa, Naty Abascal, le fue infiel con Ramón Mendoza. De todas formas, Rafael arrastraba la tristeza que le supuso tener un padre que le ninguneaba y una madre que no le hacía caso. Él se sentía muy marginado por el favoritismo que Mimi tenía hacía su hijo Ignacio. Era una losa psicológica. Si a lo anterior le unes la infidelidad de Naty… Rafael comenzó a frecuentar determinados ambientes nocturnos muy nocivos en Sevilla, que le empujaron a las drogas y a los prostíbulos.
"En aquel período oscuro hubo más drogas que sexo"

El duque, que falleció en el 2001, con Naty Abascal y sus dos hijos en común, Rafael y Luis.
P.: No buscaba solamente sexo.
M.E.Y.: Efectivamente, iba en busca del cariño que le faltaba. Y compañía. Desahogarse. En aquel período oscuro hubo más drogas que sexo.
P.: Acabó en prisión acusado de rapto y corrupción de menores.
M.E.Y.: Dudo de su salud mental en este aspecto. Con el tiempo se demostró que era una especie de voyeur con una paranoia absurda. Hacía fotos a las niñas, las bañaba y las vestía. Y eso no se puede hacer. Pero nunca hubo sexo.

El duque tras ser detenido.
P.: Estuvo encarcelado cinco años. Tú te carteabas con él. ¿Qué te decía?
M.E.Y.: Que vivió ese período como una montaña rusa, con subidas y bajadas de ánimo continuas. Unas veces se mostraba resignado, daba clases a los presos, era educado y afable, pero otras se venía abajo. Se comunicaba conmigo porque tenía muchas ganas de contar su vida, demostrar que no todo era malo. Él fue un gran empresario que sacó adelante la fábrica de cueros familiar.
P.: Pues le tacharon de vicioso y pervertido.
M.E.Y.: Hay que ponerse en el lugar de los demás y saber por qué ocurren las cosas. En el fondo, Rafael era un pobre desgraciado.
P.: Te propuso escribir sus memorias.
M.E.Y.: Sí. Le visité varias veces en prisión y me lo pidió. Empecé, pero como Rafael tenía tantos altibajos de ánimo, la cosa se quedó parada.
P.: ¿Es verdad que tenía la intención de casarse de nuevo?
M.E.Y: Un día me confesó que quería contraer matrimonio en la cárcel con Mariló, una chica a la que conocía desde hacía cuatro años. En sus cartas demostraba su ilusión por salir en libertad y rehacer su vida.
P.: Fue padre de dos hijos, Rafael y Luis. ¿Cuál se parece más a él?
M.E.Y: Su madre asegura que Luis, pero lo dice como un reproche. A mí me parece un buen chico que no acierta en sus decisiones.