Herpes zóster: qué es y cómo prevenirlo
Esta enfermedad se ocasiona por la reactivación de la varicela, presente en un 90% de las personas

El herpes zóster puede afectar en cualquier lugar de la piel.
Se estima que un 30% de la población se enfrentará a esta infección en algún momento de su vida. Está ocasionada por la reactivación del virus varicela-zóster presente en un 90% de las personas. Aunque puede darse antes, nuestra vulnerabilidad frente a ella aumenta a partir de los cincuenta años y con el paso del tiempo porque el sistema inmunitario pierde eficacia.

Picazón y alteraciones de la sensibilidad en las áreas afectadas son los primeros signos del herpes zóster, seguidos de una erupción cutánea con vesículas y dolor por la afectación de los nervios de la zona en la que aparece.
Aunque su duración suele situarse entre dos y cuatro semanas, en un 30% de casos pueden presentarse complicaciones como la neuralgia postherpética, un dolor que persiste semanas, meses e incluso años y puede causar incapacidad para desarrollar las actividades cotidianas y ser causa de depresión.
Cómo prevenir el herpes zóster

Para prevenir el herpes zóster y los problemas que puede conllevar se recomienda a los mayores de 50 años y a los mayores de 19 años que presentan factores de riesgo como el VIH, los tratamientos de quimioterapia o que hayan sufrido el herpes zóster en varias ocasiones que se vacunen. La vacuna contra el herpes zóster se administra en dos dosis: se da una inyección intramuscular inicial y al cabo de dos a seis meses una segunda.
Para evitarlo cuando no estamos vacunados, debemos mantener fuerte el sistema inmunitario siguiendo una dieta equilibrada rica en verduras, frutas, cereales integrales y pescado, realizar ejercicio al menos 150 minutos a la semana; dormir ocho horas al día y aprender a gestionar el estrés, ya que cuando éste es continuado debilita nuestras defensas y puede facilitar la reactivación del virus varicela-zóster.
Tratamiento para el herpes zóster

El tratamiento del herpes zóster incluye antivirales como el aciclovir, que ayudan a acelerar la cicatrización de las lesiones cutáneas y a reducir el dolor y las probabilidades de complicación. Estos medicamentos deben administrarse en las primeras 72 horas desde la aparición de las vesículas.
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