Francisco Ibáñez: la interesante vida del rey de los tebeos
Qué pena tener que decir adiós a este genial dibujante barcelonés que, con personajes tan inolvidables como Mortadelo y Filemón, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio y los desternillantes vecinos de 13, Rue del Percebe, hizo reír y leer a varias generaciones de niños españoles

Francisco Ibáñez ha marcado a varias generaciones con sus historietas.
Francisco Ibáñez Talavera nació el 15 de marzo de 1936 en Barcelona. Fue uno de los tres hijos de un contable alicantino y un ama de casa andaluza. Dibujante desde la cuna, recordaba que, con 3 años, "cogí el periódico de mi padre y en una esquina dibujé una ratita. Le gustó tanto que lo llevó siempre en su cartera". Estudió primaria en las Escuelas Guimerá, donde mataba el aburrimiento dibujando de memoria las aventuras del Guerrero del Antifaz o de Roberto Alcázar y Pedrín.

DIBUJANTE PRECOZ. A los 3 años, dibujó una ratita que encandiló a su padre.
Con 11 años, a este enamorado de los chistes de Jaimito y de las pelis de Charlot y El Gordo y El Flaco le publicaron su primer dibujo, una cabeza de indio Sioux, en la sección de fans de la revista "Chicos". A los 14 años, empezó a estudiar Comercio y Peritaje Mercantil y a trabajar de botones en el Banco Español de Crédito para llevar dinerito a casa. Pero, para él, dibujar era una necesidad y, según explicaba, lo hacía siempre que podía, con lo que aprendió de forma autodidacta de "los grandes de la época: Cifré, Peñarroya, Escobar, Conti. De uno copiaba las figuras; de otro, los fondos; de otro, el desarrollo de la historieta. Me quedé con lo mejor de cada uno hasta crear mi propio estilo".

Con 16 años, publicó –y le pagaron– su primera historieta: un tira cómica en la revista "Nicolás", a la que siguieron otras colaboraciones gracias al dibujante Manuel Vázquez, "padre" de Anacleto y las hermanas Gilda, que lo recomendó en varias revistas, para las que creó personajes como Don Usura, la familia Repollino, Cartapacio y Seguidilla, Nicomedes Camueso, Kokolo o Melenas.
Adiós a un trabajo fijo en el banco

Mientras, en el banco había ido ascendiendo hasta llegar a la sección de Créditos y Riesgo, donde se escaqueaba de la soporífica contabilidad dibujando a escondidas. "A veces notaba unos golpecitos en el hombro y oía al apoderado que me decía: “Ibáñez, ¿otra vez?”". En 1957, cuando sus ingresos como dibujante empezaban a ser importantes, Ibáñez dejó su trabajo fijo en el banco. "Fue una alegría mutua. Yo me sacaba de encima a unos muermos y ellos se libraban de un pintamonas", contó.
Tras un breve paso por la editorial Marco, llegó a Bruguera en una huelga de los dibujantes de la generación anterior y el 20 de enero de 1958, en el número 1.394 de "Pulgarcito", aparecieron por primera vez dos personajes que harían historia en el cómic: Mortadelo y Filemón.

Aunque en el inicio estos dos detectives tenían un aire británico, a lo Sherlock Holmes, fueron evolucionando hasta convertirse en dos descacharrantes agentes de la T.I.A., en unas aventuras que ofrecían un "gag" en cada viñeta.
Tras el éxito que tuvieron, tanto en España como fuera de nuestras fronteras, sus aventuras se fueron haciendo cada vez más largas hasta llegar a publicar álbumes. "El sulfato atómico", en 1969, fue el primero de una lista de 150 títulos, ya que Ibáñez tuvo el acierto de unir las historietas a temas de actualidad: desde mundiales de fútbol y juegos olímpicos hasta crisis financieras, desigualdades sociales, cambio climático o corruptelas políticas.
"El tesorero", divertidísimo trasunto del caso Bárcenas, batió récords de venta de un libro en un solo día: 10.000 ejemplares.

Convertido en un auténtico "currante" de la historieta, Ibáñez pasaba jornadas larguísimas encerrado en su habitación de estudio, pertrechado de "un tablero, un lápiz, una goma para borrar que uso lo mínimo y un rotulador para pasar a tinta". Pintaba a sus personajes calvos para ser más productivo.
Entre dibujo y dibujo, tuvo tiempo para casarse en 1966 con Remedios Solera, con la que tuvo dos hijas (Sonia y Nuria), que años después le harían abuelo. Aunque era un hombre familiar, siempre decía, con socarronería y su atropellada manera de hablar, que el mejor matrimonio era "el de mis nalgas y el taburete, ya que en 50 años no han tenido ni una pelea".
Rompetechos, su personaje favorito

Los años 60 fueron especialmente productivos: en 1961, urdió 13 Rue del Percebe, una comunidad de vecinos más increíble que "Aquí no hay quien viva"; dos años después, nació El botones Sacarino, sátira sobre las interioridades de un lugar de trabajo; en 1964, creó a Rompetechos, el personaje que más quería porque decía que era él mismo, y, en 1966, llegaron Pepe Gotera y Otilio, una pareja de chapuzas a domicilio.

Después de que Mortadelo se consagrara como el rey del transformismo en 1970 con la aparición de una revista que llevaba su nombre, la popularidad de estos dos agentes disfuncionales siguió siendo enorme y la pareja saltó al mundo de la publicidad, el "merchandasing", las series de televisión, los videojuegos y el cine. Pepe Viyuela y Benito Pocino les dieron vida en "La gran aventura de Mortadelo y Filemón".

Antes, en 1985, había sucedido lo inimaginable: Ibáñez salió de Bruguera por las malas y perdió los derechos intelectuales de sus personajes hasta que, dos años después, la justicia se los devolvió. Galardonado con la Medalla al Oro al Mérito en las Bellas Artes y la Creu de Sant Jordi, Ibáñez, que cuenta con fans tan famosos como Felipe González, la reina Sofía, Carlos Areces o Álex de la Iglesia, nunca se jubiló.

El pasado 15 de julio, al poco de haber enviudado, Ibáñez murió en Barcelona. Tenía 87 años, estaba trabajando en un nuevo álbum y había expresado su deseo de que, cuando él desapareciera, Mortadelo y Filemón sigan con sus andanzas.