Jaime Peñafiel: "Los funerales reales que nunca he olvidado"
La noticia de un mausoleo de 2 millones para los reyes noruegos y las fechas en las que estamos me llevan a recordar entierros de "royals" que me han marcado

Las lágrimas de Juan Carlos y la tristeza de Sofía en el sepelio de la madre del emérito en el 2000.
Estos días, protagonizados por la celebración del Día de los Difuntos y el recuerdo, para muchos, de aquellos seres queridos que ya no están entre nosotros, nos ha sorprendido la noticia de que los reyes Sonia y Harald de Noruega hayan decidido construirse un sepulcro de 2 millones de euros para dormir juntos el sueño eterno.
Los soberanos, que tuvieron que luchar durante nueve años por su amor para que la Casa Real aceptara su matrimonio, lograrán, así, seguir eternamente unidos más allá de esta vida, en la capilla del castillo de Akershus, en Oslo.

Sonia y Harald de Noruega, que serán enterrados en Oslo en un sepulcro de 2 millones de euros.
En mi vida profesional he sido testigo de funerales de reyes, emperadores y príncipes y princesas como Pablo de Grecia y su esposa, Federica, los dos en Tatoi (Grecia); Balduino de Bélgica, el sha de Persia y la princesa Diana. Pero no hubo ninguno que me impresionara más que el del rey Hussein de Jordania, el soberano que me había honrado con su amistad y cuya muerte, el 7 de febrero de 1999, conmocionó al mundo entero.
Aquel día acudió a Amán la Familia Real española en pleno con don Juan Carlos al frente. No olvidemos su gran amistad con el soberano hachemita, que le regaló el palacete de La Mareta en Lanzarote.

La viuda de Hussein y una de sus hijas, ante su tumba, en el cementerio del palacio de Raghadan.
También estuvieron presentes en el entierro un centenar de jefes de Estado, entre ellos, los presidentes vivos en aquel entonces, de Estados Unidos. Inolvidable, por su fuerza dramática, la imagen de la viuda Noor, con sus hijas Rayah e Imán, junto a la princesa Basma, hermana de Hussein, que había donado su médula para el último trasplante del rey. Todas, con la cabeza cubierta con el pañuelo blanco en señal de luto, dando su adiós desde la puerta del palacio real donde se había velado el cadáver del soberano.
En El Escorial no caben más reyes

El Rey Juan Carlos junto a sus hermanas y la Reina Sofía, Pilar de Borbón y Margarita de Borbón, esperan para recibir el féretro de Doña Maria de las Mercedes en El Escorial.
En la triste y fría mañana del 4 de enero de 2000, las campanas de la madrileña catedral de la Almudena estrenaron sus sones de dolor para despedir a doña María de las Mercedes, fallecida en sus vacaciones, precisamente, en La Mareta, el 1 de enero. Poco antes había tenido lugar en la capilla del palacio de Oriente el funeral por su eterno descanso, al que asistieron todas las fuerzas políticas y, durante la misa, en el rostro de don Juan Carlos y en el de sus hijas hicieron aparición las lágrimas de tristeza.
Después, los restos mortales de doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans llegaron al monasterio de El Escorial a hombros de la escolta de la Guardia Real. En el patio de Reyes esperaba la comunidad de padres agustinos a quienes, como es tradición en la Familia Real, se hizo entrega de las exequias de la madre del Rey para su custodia y enterramiento en el Panteón de Reyes.
Pero antes de reposar allí, los restos de doña María de las Mercedes, como los de todos los reyes enterrados en El Escorial, fueron depositados en el pudridero, donde se encuentran los de su marido, don Juan de Borbón, desde 1993. Y allí permanecerán entre 25 y 40 años, hasta pasar al Panteón de Reyes. Cuando eso ocurra, los 26 sarcófagos del sepulcro estarán ocupados y el mausoleo completo, a menos que realicen una ampliación.
Grace y Rainiero, juntos toda la eternidad

ETERNAMENTE JUNTOS. Grace murió en 1982.
Inolvidable fue el funeral de la bellísima Grace de Mónaco, que murió el 14 de septiembre de 1982, tras un accidente, al precipitarse el coche que conducía por un barranco de 40 metros. Tenía 52 años. Casi 100 millones de personas siguieron su funeral a través de la televisión. Yo llegué al Principado cuando ya estaba instalada la capilla ardiente en el salón principal del palacio Grimaldi, donde vivió 26 años. Estaba vestida con un traje de encaje blanco de cuello alto y recostada sobre una colcha de orquídeas y puedo afirmar que conservaba toda su belleza. Resultaba increíble que estuviera muerta. Nunca podré olvidar ni su imagen ni su entierro por las calles del Principado, con un Rainiero caminando tras el féretro sostenido por sus hijos, Carolina, que se cubría con la mantilla de su madre, y Alberto.

El marido de Grace, Rainiero desolado, entre Alberto y Carolina.
Tiempo después, el 15 de abril del 2005, también asistí al entierro del viudo de Grace, Rainiero. El Príncipe había muerto el día 6, a los 81 años. Siguiendo los deseos del finado, el personal de palacio y seis carabineros portaron el féretro, tras el cual, su mayordomo llevaba a su perro, Odin, su más fiel amigo, un grifón gris de 6 años. Y precisamente ésa, la del can siguiendo a su amo, fue una de las imágenes más conmovedoras del funeral.

El entierro de Rainiero, con su perro tras el féretro. Los dos reposan juntos en la catedral monegasca.
E igual que harán Harald y Sonia, Raineiro y Grace, protagonistas de una de las más bellas historias de amor real, reposan eternamente juntos en la catedral monegasca.