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El hijo trans de Sonia Martínez, la estrella televisiva de los 80, nos abre su corazón

Aunque Hugo tenía 3 años cuando su madre, la presentadora Sonia Martínez, murió por el sida, mantiene muy vivo su recuerdo

Se cumplen 26 años de la muerte de la presentadora del "Dabadabadá".

Sonia fue un ídolo para toda una generación de niños hasta que las drogas se cruzaron en su
camino. Derecha, Hugo, que nació en 1991.

José de Santiago / Serena Simó

Hay quien opina que, muchas veces, en las familias, las historias se repiten, y que sus miembros o antepasados más rebeldes y conflictivos, los que tomaron malas decisiones, pueden dejan una estela invisible que sus descendientes aprenden a seguir sin darse cuenta, dominados por lo que unos llaman fatalidad o maldición y otros genética.

Hugo Padilla Martínez ha tenido que luchar contra esta idea y ha conseguido que una historia que parecía destinada a repetirse haya cambiado de signo. Porque si su madre, la estrella televisiva de los 80 Sonia Martínez, saltó al lado oscuro de la vida y de la fama, –igual que hizo su padre–, él, a pesar de todo el sufrimiento y las vicisitudes por las que ha pasado, ha logrado, si no salir indemne, sí ser capaz de superar un pasado que le ha marcado desde que vino a este mundo en 1991.

Y es que ser hijo de un ídolo de la pequeña pantalla, que subió a lo más alto para acabar sucumbiendo a las drogas, perdiéndolo todo, no es fácil de llevar.

Sonia Martínez: "Yo misma he tirado mi suerte por la ventana"

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Como ella misma reconoció en nuestra revista revista Pronto, "no puedo decir que no haya tenido suerte en la vida, sino que yo misma la he tirado por la ventana". Poco después, en septiembre de 1994, su sonrisa, que cautivó a toda una generación de telespectadores infantiles, se apagó para siempre.

La tele había perdido a un ángel. Atrás quedaba una vida breve que le permitió saborear las mieles del éxito pero también el lado más amargo de la fama.

La vida de Sonia fue una estampida, una montaña rusa, que la llevó de estar en la cúspide a caer, sin freno, en el pozo de las adicciones.

Sonia Martinez revista Pronto 10

En 1983, Sonia Martínez dio el salto al "Dabadabadá", el programa infantil estrella, en el que se consagró.

Sonia llegó a la tele en 1982, después de ser seleccionada por TVE para presentar "3, 2, 1… contacto", un programa de divulgación científica para los niños. Hasta entonces fue una chica muy deportista, que llegó a ser subcampeona de natación de Castilla, pero, como era una joven inquieta, llena de vitalidad y entusiasmo, la piscina se le quedó pequeña, y decidió zambullirse en el mundo de la televisión.

Sonia se hundió tras la muerte de su madre

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En 1983, sustituyendo a Mayra Gómez Kemp (que se fue al "1, 2, 3..."), se convirtió en la presentadora del "Dabadabadá", el emblema de la programación infantil, y de ahí, por su frescura y su facilidad para enfrentarse a las cámaras, dio el salto al cine con "Epílogo", "Violines y trompetas", donde vivía un tórrido romance con Jesús Puente, y "Perras callejeras", y también a series como "Segunda enseñanza".

Precisamente después de rodar esta serie, dos hechos marcaron su destino. En 1985, la muerte de su madre la dejó hundida, y, un año después, atreverse a hacer "topless" en una playa de Ibiza, le costó su trabajo en TV, ya que Televisión Española le rescindió el contrato inmediatamente. Sonia se querelló y, meses después, fue readmitida.

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Sonia Martínez: su descenso a los infiernos

En esa época, en la que también vivió romances que no llegaron a buen puerto (entre ellos con Cayetano Martínez de Irujo), empezó a ir al gimnasio y, paradójicamente, allí tomó una mala decisión que, con los años, acabaría siendo su sentencia de muerte. "Un chico del gimnasio, al verme algo cansada, me dijo: “Tú métete esto y verás que bien te sienta”. Empecé a consumir coca los fines de semana y, luego, a diario", explicó Sonia en una entrevista con Pepe Navarro.

Desde entonces, su vida fue un descenso a los infiernos. Intentó desengancharse varias veces sin éxito, en 1990 le diagnosticaron sida, la relación con su familia se derrumbó y acabó prostituyéndose en la Casa de Campo para conseguir dinero para la heroína y la cocaína.

Sonia Martínez tuvo a su bebé, pero le quitaron la custodia

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Buscando cierta estabilidad en su vida, Sonia se casó en 1989 con José Manuel Padilla, con quien tuvo a Yaiza.

En medio de esta caída, en 1989, intentó estabilizar su vida y se casó con un exdrogadicto, José Manuel Padilla, con quien tuvo a Yaiza –hoy, Hugo– en 1991. Pero su sonrisa, su entusiasmo, su mirada angelical y alegre y su energía se habían perdido por el camino.

Además, como era incapaz de alejarse de las drogas, acabaron retirándole la custodia del bebé, que pasó a un centro infantil tutelado, donde Sonia podía visitarlo.

La muerte de Sonia Martínez, el 4 de septiembre de 1994, dejó a sus seguidores consternados y sumidos en una gran tristeza, por haber sido testigos de la crueldad inapelable de las drogas, capaz de aniquilar el encanto, la vitalidad y el futuro de una persona cuya sonrisa fue, en otro tiempo, cautivadora.

Sonia dejó una carrera rota y también a Yaiza, una niña de 3 años que, desde su inocencia, no acababa de comprender, aunque aceptaba y asumía como normal, que su madre fuera a visitarla pero nunca se la llevara a casa.

El hijo de Sonia Martínez, de pequeño, como Yaiza.

El hijo de Sonia Martínez, de pequeño, como Yaiza.

Hoy, 26 años después de su pérdida, esa niña es el joven trans Hugo Padilla Martínez y, aunque a punto estuvo de repetir la historia de su madre, logró cambiar el rumbo de su destino, tal y como nos ha explicado en esta entrevista, en la que nos abre su corazón para recordar con nosotros todo lo que ha logrado recuperar de la vida de su madre y que le han ido explicando con los años su padre, su abuela y sus tías.

"A pesar de todo, quiero a mi madre con toda mi alma"

En tu Revista Pronto hemos hablado con Hugo, justo cuando se cumplen 26 años de la muerte de la presentadora de “Dabadabadá”, que nos ha abierto su corazón.

"Desgraciadamente, tengo muy pocas referencias personales de ella. En aquella época, yo era una cría y no entendía nada de la situación familiar, sé que estaba en una especie de residencia y nada más. No recuerdo ni tan siquiera que me cogiera en brazos o me besara. Y, a pesar de todo, la quiero con toda mi alma y me duele no haber podido compartir con ella una vida feliz. Me enteré de que, en febrero de 1994, se registró su última visita para verme. Era mi cumpleaños", nos cuenta Hugo, que tiene 29 años.

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PRONTO: Me consta que cuando te visitaba solía salir llorando. Ella quería recuperarte, pero su situación se lo impedía.

HUGO PADILLA MARTÍNEZ: Me das una alegría, veo que me quería mucho. Alguien me contó que la pillaron conmigo en brazos comprando droga y que se dedicaba a la prostitución en la Casa de Campo madrileña. Después de su muerte y, gracias a mi abuela paterna, pude salir del centro tutelado para vivir con ella y con mi padre. Nací con el síndrome de abstinencia y anticuerpos de la hepatitis B y del sida. De hecho, he leído que mi madre deseaba que me curase y que saliese lo mejor posible de esos problemas. Que pudiese superarlo todo. Y así fue.

P.: Pero te encontraste con otro drama en casa, ¿verdad?

H.P.M.: Mi padre también estaba enganchado a las drogas. Es cierto que pudo salir, pero tuvo recaídas mientras vivíamos bajo el mismo techo.

P.: ¿Es cierto que intentó suicidarse varias veces?

H.P.M.: Cuando yo tenía 7 años, vi cómo se tiró por la ventana de un tercer piso y en otra ocasión se clavó un cuchillo porque mi abuela no le daba dinero para drogas. Imagínate el trauma que me causó. No podía seguir en esa casa y me fui a la de mi tía y su marido. Es verdad que tuve momentos buenos con mi padre, pero los malos fueron terribles. Era violento conmigo y con su pareja, que era 14 años más joven que él.

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P.: Cuando tu padre se refería a tu madre, ¿cómo hablaba de ella?

H.P.M.: Siempre me contaba cosas buenas porque la quiso con locura, pero sufrió mucho por su culpa. Su relación era muy tóxica.

"Pensaba que mi abuela murió por su culpa"

P.: ¿Es verdad que el declive de tu madre comenzó al morir tu abuela materna?

H.P.M.: Sí. Se adoraban y, cuando mi abuela falleció con 43 años, víctima del cáncer, a mi madre se le cayó el mundo encima. Poco antes se había ido a estudiar inglés a EEUU y, al regresar, se encontró con que su madre estaba muy malita. Tenía cáncer de hígado y aquel proceso tan duro y, al final, su muerte, se le quedaron grabados en el alma. La vida se le hizo muy cuesta arriba. Además, pensaba que mi abuela había muerto porque ella la hizo sufrir mucho y esa carga emocional fue terrible. Tenía un gran sentimiento de culpabilidad.

P.: ¿Has tenido relación con tu abuelo materno?

H.P.M.: No, no me ha querido conocer. Mira, si hubiera sido por él, yo habría seguido internado en la residencia. Sé que sigue vivo y que está casado con otra señora.

P.: ¿Y si te llamara, qué le dirías?

H.P.M.: Le vería como a un extraño, no como a un abuelo. Igual que me ocurre con mi tía Irene, su otra hija, con la que estuve viviendo dos meses en Tarifa. En distintas ocasiones le he puesto mensajes de que necesitaba hablar con ella y sigo esperando una llamada.

P.: ¿Reprochas a tu familia materna este rechazo?

H.P.M.: Antes no, pero ahora sí. Porque he necesitado mucho su apoyo y no lo tuve. Llevo años de sufrimiento, problemas... Te voy a confesar uno de los grandes dramas de mi existencia: con 12 años me intenté suicidar, mezclé medicación de mi padre con metadona y estuve al borde la muerte. Estaba destrozado, en un infierno y con un padre que quería irse de este mundo y una familia materna que me ignoraba. Pero pensé que si no había muerto al nacer ni en ese momento, era porque debía luchar por mi vida.

P.: En cambio, la familia de tu padre es todo lo contrario. ¿Vives con tu tía, verdad?

H.P.M.: Sí con mi tía Amparo, la hermana de mi padre, que quería mucho a mi madre. Estaban muy unidas. De hecho, la última llamada que hizo mi madre fue a ella, para pedirle que me recogiera del centro y me llevara al hospital donde estaba ingresada. Pero la Comunidad de Madrid no permitió que me sacara.

P.: ¿En tu interior has llegado a reprocharle algo a tu madre por haber sido una mujer con una vida tan conflictiva?

H.P.M.: No. Y cuando indago en las hemerotecas para conocer datos de su vida, no puedo evitar que me salten las lágrimas. Estoy convencido de que me quería, de que sufrió muchísimo al no tenerme a su lado y de que, a pesar de sus adicciones, era una persona buena, dulce y sensible. Y me duele en el alma leer lo que leo sobre cómo fue su vida y ver en lo que había caído y cómo se fue deteriorando físicamente hasta el fin de sus días por un problema tan serio como son las drogas.

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P. : Sigues adorándola...

H.P.M.: En mi corazón no la sustituye nada ni nadie. Aunque es demoledor para cualquier hijo enterarse de que su madre se drogaba, se prostituía y no llevaba una buena vida. Pero no tengo que avergonzarme de ella, al contrario, me siento orgulloso de la madre que tuve. Tú me cuentas que la veías llorar al verme en la residencia, y con eso me vale, porque demostraba el inmenso cariño que sentía por mí. Lo pasaba muy mal. En mi familia paterna, la imagen que me han ofrecido de mi madre es que era una mujer maravillosa, alegre, cariñosa, que brillaba con luz propia con su sonrisa y por su forma de ser hasta que las adicciones destrozaron su vida. Todos coinciden en que llegó a un punto imposible de controlar.

"Su última pareja intentó que dejara las drogas"

P.: ¿Sabes que, al parecer, tuvo una relación con Cayetano Martínez de Irujo?

H.P.M.: Sí. Me han comentado que tuvieron una relación que ese señor no puede negar.

P.: Y en sus últimos años tuvo varias parejas...

H.P.M.: Salió con varios hombres y dijo que tenía intención de casarse con uno de ellos, pero que aquello se acabó y no hubo boda. Sé que cuando murió vivía con un tal José Luis. Tengo buenas referencias suyas, porque la cuidaba mucho e intentó que dejara las drogas, pero fue imposible. Lo que es la vida... Ella falleció en Villalba y mi padre también dejó de existir allí hace tres años por una sobredosis. Los dos grandes dramas que más me marcaron en la vida.

P.: ¿Sabías que a su entierro fue poca gente?

H.P.M.: Sí, y me duele en el alma. Porque, te repito, era una persona buena, y encontrarme con esa estampa tan desoladora el día de su entierro me revuelve las tripas. No creo que se lo mereciera. Muchos la dejaron abandonada. Es cierto que su padre la ayudó pagándole centros de rehabilitación, pero necesitaba también otro tipo de apoyos, como el cariño paterno que no tenía.

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Sonia vivió sus últimos años con José Luis, quien, según su hijo, se ocupó de ella, pagando sus cuidados médicos.

Sus problemas con las drogas y la verdad sobre su identidad

P.: Cuando, hace tres años, murió tu padre, qué hiciste para seguir adelante?

H.P.M.: Yo ya me había distanciado de él porque durante dos años, de los 20 a los 22, también viví enganchado a las drogas, a la cocaína. Estuve ingresado desintoxicándome y no quería caer de nuevo. Tengo muy claro que jamás volveré a ser un esclavo de las adicciones. Salí por mi propio convencimiento porque un día me dije: hasta aquí. Y no recaí. Mi fuerza de voluntad fue mucho mayor que mi dependencia.

Está claro que la vida de Hugo no ha sido fácil. Su lucha ha sido constante, no sólo para comprender y encajar las piezas del puzle de su pasado, sino también para poder enfrentarse a su futuro en busca de su felicidad.

Y en este camino, repleto de obstáculos, ha tenido que mantener durante años un secreto sobre su propia identidad, porque, aunque le llamaban Yaiza y su cuerpo era biológicamente el de una mujer, él sabía que era un hombre. "Desde siempre tuve ese sentimiento. Y lo llevaba en secreto. Sólo se lo comentaba a mis parejas, a las mujeres que pasaron por mi vida. Nunca a mi familia, aunque algunos intuían algo. Yo lo llevaba muy dentro porque no sabía cómo enfocarlo, cómo hacerle frente".

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P.: ¿Cuándo te viste capaz?

H.P.M.: Fue un año después de morir mi padre. Decidí seguir un tratamiento hormonal.

P.: Eres un hombre que no tiene órganos genitales masculinos. ¿Has pensado operarte?

H.P.M.: De momento seguiré igual. Piensa que la intervención es complicada y muy cara. Y me da miedo que, si me opero, deje de sentir placer.

P.: ¿Tienes novia?

H.P.M.: Mantengo una relación a distancia y desde hace catorce meses con Larisa, una chica brasileña maravillosa. En cuanto pueda me iré a vivir con ella a su país porque me hace sentir más feliz que personas que tengo cerca. Ella me está ayudando a salir de la depresión que estoy pasando. Larisa es como una luz que me guía hacia la serenidad.

P.: ¿Te planteas tener hijos en el futuro?

H.P.M.: Me gustaría, ya sea por inseminación artificial o por adopción.

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