Jaime Peñafiel nos cuenta sus momentos más inolvidables con Julio Iglesias
Con motivo de su 80º cumpleaños, me sumerjo en mi álbum de recuerdos para hablar de mi amistad con el cantante español más internacional de la historia

A Julio lo conozco desde hace más de cinco décadas.
Mi relación con el que es mi compadre, amigo y, además, padrino de boda, es anterior a 1970. Julio Iglesias forma parte de mi vida desde hace más de 50 años. Y, ahora, el pasado 23 de septiembre, cumplió ¡80 años! Me consta que, aunque han habido muchísimas personas muy importantes en su vida (Frank Sinatra, Sidney Rome, Diana Ross o Bianca Jagger, por citar unos cuantos), nadie ejerció mayor influencia en el artista que el doctor Julio Iglesias Puga, su padre. Papuchi fue el principal pilar de su vida, "su bastión mas valioso", a juicio del tristemente desaparecido Alfredo Fraile, el gran amigo y mánager de Julito.
De no ser por su padre, Julio Iglesias se hubiera quedado paralítico de cintura para abajo a causa de las lesiones que le produjo un gravísimo accidente de tráfico a los 20 años. Aunque los médicos recomendaron operarle, su padre se negó. Decía que, si su hijo se esforzaba, podría volver a caminar sin necesidad de pasar por el quirófano. Y así fue. Desde entonces, Papuchi se convirtió no sólo en "el padre del artista", sino en su sombra sin dejar de ser el gran ginecólogo que era. No hay que olvidar que él fue decisivo en el nacimiento de Chábeli.
Organizó el nacimiento de Chábeli a escondidas

El padre de Julio lo organizó todo para que Isabel Preysler diese a luz a Chábeli, en secreto, en Portugal, en septiembre de 1971.
Yo viví muy de cerca aquel episodio. Cuando Julio supo que Isabel se había quedado embarazada, sólo hacía siete meses que se conocían, y no quería que en España lo supieran (en aquella época casarse "de penalti" estaba muy mal visto). Ante la situación, Julio acudió a su padre, que lo organizó todo para que Isabel diera a luz en Cascais, Portugal, y tuviera en secreto a su primera hija, que nacería en ausencia de su progenitor, el 3 de septiembre de 1971, porque Julio estaba de gira. "Tardó dos días en llegar a Cascais y eso que no se encontraba en América sino en Albacete", recordaba Alfredo Fraile. Pero Julio no estuvo más de una hora, y volvió a marcharse porque tenía que continuar con su gira. Así es Julio.
El secuestro de su padre: los peores días de su vida

El cantante con su padre, el doctor Iglesias Puga.
Aunque ya lo he contado en estas páginas, ahora, con motivo de su 80º cumpleaños, obligado es recordar el más dramático momento en la vida de Julio a causa del secuestro de su padre entre el 30 de diciembre de 1981 y el 19 de enero de 1982.
Fueron 20 días en los que yo estuve al lado de Julio en Indian Creek, Miami, y fui testigo del momento de la llegada a casa de Papuchi. Julio Iglesias salió al jardín con la sola compañía de este periodista, en calidad de amigo, y de su perro Hey. Y, mientras padre e hijo se abrazaban, yo oía a mi compadre con la voz entrecortada por el llanto decir: "Papá, papá". Al mismo tiempo, el doctor, llorando como un niño, le decía una y otra vez: "Julito, ha sido terrible, terrible, terrible. Yo temí que si me pasaba algo, tú no volvieras a cantar". Y lo decía recordando las palabras que Julito le dijo a su padre en la última entrevista antes de ser secuestrado: "La vida me ha dado todo. Además, te tengo a ti. Padre, no me faltes nunca".
Propicié una reunión entre Julio y Felipe González

El día de mi boda con Carmen.
Después de aquel drama, recuerdo que di pie a un encuentro del cantante con el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, en la Moncloa. En aquella época yo tenía una buena relación con Felipe y con su esposa, Carmen Romero, con los que compartí varias veces mesa y mantel.
En una de esas ocasiones, la conversación giró sobre Julio Iglesias, por quien los dos sentían gran simpatía. Simpatía correspondida, aunque Julito era entonces muy de derechas. Al irme, Felipe González me prometió que aprovecharían cualquier presencia de Julio en Madrid para invitarle a la Moncloa. Y la ocasión llegó en 1983, coincidiendo con el gran concierto de Julio en el Bernabéu. Avisé al presidente y quedamos que le recibiría el 10 de septiembre de hace ahora 40 años.
La reunión duró una hora y 40 minutos. Se habló de todo con mucha sinceridad y Julio se quejó del poco interés de la televisión pública por aquellos españoles que, como él, triunfaban, entonces, en el extranjero. Se habló también del secuestro del padre del artista y, aunque había pasado más de un año, Julio mantenía muy vivo el dolor de aquellos días. "Siempre habrá en mi vida un antes y un después de aquello", le reconoció al presidente y a su esposa antes de decir: "Me gustaría que vinierais al concierto en el Bernabéu". Y, la noche del 13 de septiembre, allí estuvieron.
En mi amistad con Julio hay un episodio inolvidable, del que también he hablado en estas páginas. El de mi boda con Carmen, en junio de 1984. No sólo fue mi padrino, sino que su mansión de Indian Creek fue el escenario del banquete nupcial y él llevó a la novia hasta la iglesia de Saint Patrick en uno de los Rolls-Royce que tenía. He de decir que ésa fue la primera vez que Julio hacía de padrino. Su hermano Carlos nunca le perdonó que no asistiera a la suya, cuando en la mía, ¡hasta comulgó!