Jaime Peñafiel nos cuenta los secretos de Margarita de Borbón, la infanta roquera
La hermana de don Juan Carlos, que acaba de cumplir 85 años, es una mujer culta y apasionada por la música. Casada con Carlos Zurita desde 1972, su historia de amor es una de las más conmovedoras que yo recuerdo

Margarita de Borbón con Miguel Ríos
La infanta Margarita ha contado siempre con la simpatía del pueblo español, probablemente por su gran personalidad y también por la circunstancia que más ha marcado su vida: su ceguera de nacimiento, que no le ha impedido desarrollar una existencia plena y llena de satisfacciones.
Ahora que ha cumplido 85 años, en un duro momento para la familia, a causa de la muerte de Fernando Gómez-Acebo, me permito recordar su vida y cómo es Margot –como la llaman en familia–, una mujer valiente y, como el resto de los borbones, con un gran sentido del humor.
"Fan de AC-DC y Bruce Springsteen"

A la hermana pequeña del Rey emérito, que nació el 6 de marzo de 1939 y que fue bautizada como Margarita María de la Victoria Esperanza Jacoba Felicidad Perpetua de todos los Santos, la empezamos a conocer tarde, a partir de 1969, cuando don Juan Carlos fue nombrado Príncipe de España, y, de repente, el interés de los españoles por todos y cada uno de los miembros de la Familia Real creció de forma exponencial.

Boda de Margarita de Borbón
Hasta entonces, poco sabíamos de ella, ya que había vivido siempre junto a sus padres en Estoril (Portugal), visitando muy de vez en cuando nuestro país.
Con el tiempo supimos que doña Margarita es una mujer culta, cuya pasión es la música, que descubrió siendo niña, cuando se quedaba escuchando discos mientras sus hermanos practicaban hípica.
La Infanta, una gran pianista, sabe de música clásica y también es conocida por ser una gran roquera, fan de AC-DC y Bruce Springsteen entre otros artistas. En cuanto a su carácter, siempre ha sido una mujer valiente. Su madre, la condesa de Barcelona, recordaba que, de niña, se subía a los tejados del castillo de Eu, en Normandía, donde estudiaba con sus primos.
Carlos aprendió braille para mandarle mensajes de amor

Cierto es que nadie había pensado en la posibilidad de que Margarita pudiera casarse. Pero, un día, me llegó la noticia, en forma de confidencia, de que se había prometido. Rápidamente me puse sobre ello, primero para confirmar tan valiosa noticia y, segundo, para averiguar el nombre del prometido. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que el novio no era otro que un conocido mío, un doctor al que, por su fervor monárquico, había visto muchas veces en diferentes acontecimientos de la Familia Real.

Los duques de Soria se habían conocido en una cena en casa de Faina Ussía, cuñada de Zurita, y desde entonces sus destinos quedaron unidos para siempre, hasta tal punto que, rápidamente, él aprendió braille para poder enviarle mensajes de amor.
Yo, que he asistido a lo largo de mi vida profesional a todas las bodas reales y principescas que se han celebrado, puedo dar fe de que ninguna me ha conmovido tanto como la de Margarita y Zurita, el 12 de octubre de 1972. Porque jamás he visto a una novia ir al altar con una emoción tan profunda y una alegría tan contagiosa.
"Saca los billetes y llévame donde quieras"

Los duques de Soria, Margarita de Borbón (2 dcha.) y Carlos Zurita (2 izqda.), acompañados de sus hijos María Zurita (izqda.) y Alfonso Zurita (dcha.).
"Nadie diría que es ciega", decía la gente viéndola dirigir todo como si pudiera ver con sus ojos, unos ojos a los que asomaban continuamente las lágrimas, por tener que dejar la casa de sus padres, me diría. También lloró don Juan, que en el brindis la consolaría –y se consolaría– con estas palabras, dichas con la voz quebrada y los ojos arrasados de lágrimas: "Margarita, mi hija tan querida, sales de una casa donde fuiste polarización de cariños y preocupaciones, que hoy se mitigan, por verte caer en los brazos acogedores de Carlos, un hombre bueno y cariñoso".

En cuanto a su luna de miel –fue en Buenos Aires–, cuando le pregunté a Margarita por su destino, con la espontaneidad que le caracteriza, dijo unas palabras tan bellas que por sí solas resumían su amor y su esperanza en una felicidad sin límites con su marido para toda la vida. "Yo no sé ni me interesa para dónde voy. Yo sólo le he dicho a Carlos: 'Saca los billetes y llévame donde quieras'", me confesó.