María Callas, gran diva de la opera
Adéntrate en el fascinante mundo de María Callas, la gran diva de la ópera que cautivó al público con su voz prodigiosa y su intensa interpretación escénica. Descubre la vida y el legado de esta soprano única que se convirtió en un ícono de la música lírica, dejando una huella imborrable en la historia de la ópera

María Cecilia Sophia Kalogeropoulos, conocida como María Callas, nació el 2 de diciembre de 1923 en Nueva York, donde sus padres acababan de emigrar desde Grecia.
Fue la menor de los tres hijos de George, farmacéutico, y Evangelia, una joven de la alta sociedad griega. La pareja había tenido una primera hija, Cynthia, y un varón, Vassily, fallecido a los dos años por una meningitis. Aquella pérdida llenó de dolor a la pareja, que esperaban que el tercer embarazo les trajera un nuevo niño. No fue así y aquella niña grande y morena no fue bien recibida por sus progenitores, que no fueron ni a registrarla personalmente.
Aquel sería el primer desaire de una infancia infeliz. A los 4 años, su madre detectó que tenía aptitudes para el canto (la vocación frustrada de Evangelia) y la forzó a estudiar música, razón por la que María siempre tuvo una relación de amor-odio con el "bel canto".

A los 13 años, sus padres se separaron y ella, su madre y su hermana volvieron a Atenas. En aquella Grecia pobre y atrasada, echaba mucho de menos a su padre, cuyas cartas le ocultaba su madre. Pronto, empezó a estudiar en el Conservatorio Nacional de Atenas, gracias a la influencia de un tío suyo y tras falsificar su edad real, haciendo ver que tenía 16 años. Tenía tanto talento que enseguida le concedieron una beca.
Para entonces, era una muchacha de aspecto desgarbado, con gruesas gafas, acné y peso excesivo. Algo que la hacía sufrir mucho. "Mi hermana era delgada, bella y afectuosa y mi madre siempre la prefería. Nunca la perdonaré", escribiría años después.
En 1938, empezó a recibir clases de la mujer que más influiría en su destino, la soprano española Elvira de Hidalgo, a la que siempre consideró su "madre artística". No solo la ayudó a pulir el diamante en bruto que era su prodigiosa voz, sino que la asesoró con la imagen, la enseñó a andar con elegancia en el escenario, a escoger vestidos que disimularan su sobrepeso y a interpretar sus personajes dramáticamente, una de las señas de identidad que distinguiría a Callas.
"Tosca", la ópera que la haría una gran estrella

Ese mismo año, debutó en una representación en el Teatro Olympia de Atenas con un papel en la ópera "Cavalleria Rusticana", pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial vino a romper una vida que empezaba a mejorar para ella. Grecia fue invadida por el ejército fascista italiano y, en febrero de 1941, Callas hizo su debut como cantante profesional con un papel en la ópera "Bocaccio o el príncipe de Palermo", donde enseguida llamó la atención del público.

Pese a que el ejército de Hitler remató la ocupación de Grecia en 1941, Maria no interrumpió su formación, aunque desafiando los toques de queda y arriesgándose a ser detenida. Elvira de Hidalgo le consiguió un puesto en el plantel de la Ópera de Atenas y, en 1942, cuando se iba a estrenar "Tosca", el azar quiso que la protagonista enfermara y María fuera la sustituta. Su éxito fue rotundo.
Durante los dos siguientes años se convirtió, pese a su juventud, en la cantante más famosa de Grecia. En diciembre de 1944, llegó una carta de su padre, con un billete de 100 dólares y su deseo de que viajara a EEUU.
Casi nueve meses después, zarpó hacia Nueva York, donde iba a intentar hacerse un hueco profesional, pero la suerte no la acompañó y, en 1947, se trasladó a Verona (Italia).
Un matrimonio que le dio seguridad

Allí conoció a Giovanni Meneghini, un rico empresario 30 años mayor que ella, con el que se casó. Un matrimonio que le proporcionó la seguridad y estabilidad profesional que tanto necesitaba y anhelaba. Mientras, el público se rendía ante su prodigiosa voz y su aplomo sobre el escenario. Unas dotes que le valieron el sobrenombre de "La divina" e impulsaron su prolífica carrera, que tuvo su auge en la década de los 50. Ese mismo año debutó en La Scala de Milán con "Aida".

Su fama iba creciendo al mismo ritmo que iba consolidando un carácter fuerte y despota. Protagonizó sonados escándalos, desde negarse a actuar en determinados coliseos hasta huir en medio de un espectáculo, como sucedió en 1958, cuando dejó La Scala tras el primer acto de "Norma" en una representación en honor al presidente italiano Giovanni Gronchi.
Cuanto más diva se hacía, más delgada estaba. Pasó de pesar más de 100 kilos a quedarse en 57, un cambio físico que no pasó desapercibido para nadie. Y, en concreto, para el multimillonario naviero griego Aristóteles Onassis, al que conoció en una fiesta en 1959. Ese encuentro cambió por completo la vida de la soprano, que abandonó a su marido por aquel multimillonario, que estaba casado con Athina Livanos y tenía dos hijos. "La Divina" se entregó por completo al armador, con el que decía que había descubierto el amor y el sexo. Aparcó, incluso, su carrera para disfrutar de su apasionada historia con Onassis, que también acabó divorciándose de su mujer.
Su romance –que estuvo marcado por los celos, las peleas y el sufrimiento– ocupó todas las portadas de la prensa internacional. María se quedó embarazada del naviero, pero sufrió un aborto espontáneo y perdió el hijo que esperaba.
Traicionada por Onassis, que se casó con Jackie

En la década de los 60 empezó su declive como artista. Los excesos de una vida tormentosa y una sinusitis crónica hicieron mella en la voz de la soprano, que incluso fue abucheada por el público durante una interpretación de "Medea".
En 1965, su voz volvió a fallarle y, al final de una de las representaciones de "Norma", era tan evidente su declive que llegó a sufrir un desmayo en plena representación. Ese mismo año decidió abandonar el canto. Tenía tan sólo 41 años y, tras seis de relación con Onassis, esperaba formar una familia con él, pero el griego siempre tenía algún pretexto para eludir el compromiso.
No tuvo excusas, sin embargo, con Jacqueline Kennedy –viuda del presidente John Fitzgerald Kennedy–, con la que contrajo matrimonio el 20 de octubre de ese mismo año. "No debo hacerme ilusiones, la felicidad no es para mí. ¿Es demasiado pedir que me quieran las personas que están a mi lado?", dijo la diva de la ópera poco después de que Onassis la hubiera abandonado.
Depresión, declive y muerte a los 53 años

Aunque dolida por su traición, siguió viéndose con Onassis hasta que éste falleció, en 1975. Intentó refugiarse en el trabajo y probó suerte en el cine, donde interpretó "Medea" a las órdenes de Pier Paolo Pasolini, pero no le valió para sobreponerse a la soledad y María se vio inmersa en una depresión que la llevó a abusar de somníferos, calmantes y barbitúricos. Fue precisamente una sobredosis de estos últimos fármacos la que, en 1970, la llevó de urgencias al hospital.
En noviembre de 1974, la diva concluyó una gira mundial de conciertos con una actuación en Sapporo (Japón), la última ciudad que la oiría cantar. Apenas dos años después, el 16 de septiembre de 1977, fue hallada muerta por su criada en la habitación de su lujoso apartamento de París. Al parecer, sufrió un ataque cardíaco fulminante, aunque llegó a especularse sobre un posible suicidio.
Sus cenizas se esparcieron en el Mar Egeo, donde reposaban las de su amado Aristóteles.