Todo sobre la boda del duque de Westminster, el hombre más rico del Reino Unido
Hugh Grosvenor, ahijado de Carlos III, tiene una fortuna de 11.000 millones de euros y es dueño de La Garganta, finca de Ciudad Real, donde la realeza europea se entretiene cazando y don Juan Carlos conoció a Corinna

Hugh Grosvenor y Olivia Henson acaban de convertirse en marido y mujer.
El pasado 7 de junio, la catedral inglesa de Chester, en el condado de Cheshire, fue el escenario del acontecimiento social del verano en el Reino Unido.

La catedral de Chester, donde el duque se casó con Olivia Henson.
En ese templo se acaba de celebrar una boda casi tan importante como la de un rey reinante, la de Hugh Grosvenor, séptimo duque de Westminster, ahijado de Carlos III, padrino de bautismo de los príncipes George –hijo de Guillermo– y Archie –primogénito de Harry–, y una de las figuras más importantes del país, con Olivia Henson, miembro de una estirpe de aristócratas y banqueros, fundadora de una de las bancas privadas más importantes de Gran Bretaña.
El duque no ha invitado a la boda a Harry para evitar que su presencia ‘eclipsara su gran día’

Hugh con Guillermo, padrino de su boda.
Al enlace asistieron unos 400 invitados, entre ellos el príncipe Guillermo, que fue uno de los padrinos del novio y el encargado de recibir a los invitados. No estuvo, sin embargo, Harry, también íntimo del futuro esposo. Según ‘The Times’, Grosvenor decidió no invitarle para evitar que su presencia ‘eclipsara su gran día’, temiendo que la gente estuviera más pendiente de lo que pudiese ocurrir entre el duque de Sussex y su hermano, que del enlace.
La Garganta, una finca con mucha historia

Don Juan Carlos y Corinna se conocieron en La Garganta en el 2004.
El título del novio evoca no sólo a la famosa abadía, el templo más antiguo de Londres y escenario de coronaciones y entierros reales, sino al palacio de Westminster, sede del Parlamento británico y la no menos conocida torre del Big Ben.
Durante años, hasta que hace dos conoció a Olivia, Hugh fue considerado el soltero de oro del Reino Unido por varios motivos. Entre ellos por su título, creado por la todopoderosa reina Victoria en 1874, que él recibió cuando sólo tenía 25 años, tras la muerte inesperada de su padre, lord Cavendish, en el 2016, al tiempo que heredó una fortuna de 11.000 millones de euros.
Hugh Grosvenor tiene tantísimo dinero que es uno de los hombres más ricos de Europa, con propiedades repartidas en numerosos países, incluida España, donde, en Madrid, tiene inversiones inmobiliarias por valor de 300 millones de euros, que ahora planea vender, y en Ciudad Real, una de sus fincas preferidas, La Garganta, que a muchos les sonará porque, ¡oh, casualidad!, allí fue donde se conocieron el rey Juan Carlos y Corinna Larsen, como explicó ésta última, muy aficionada a las cacerías, en una entrevista.

La Garganta, lugar de caza de los ‘royals’.
Con sus 15.000 hectáreas, la finca está considerada una de las más importantes de Europa y en su interior tiene un coto privado de caza en el que hay desde perdices a jabalíes; zona agrícola, estación de tren, gasolinera, helipuerto, un hospital de primeros auxilios, tres grandes villas de 10 habitaciones con ‘jacuzzi’, sauna y piscina, una capilla y una escuela.
A La Garganta van a cazar y a descansar políticos, empresarios y miembros de la realeza europea, entre ellos don Juan Carlos, Carolina de Mónaco, y, por supuesto, ‘royals’ británicos.

Carlos III y Harry en una cacería, con unos amigos.
Guillermo y Harry estuvieron en el 2014, acompañados de amigos para cazar ciervos, jabalíes y perdices. No fue la primera vez que la visitaron, ya que los hijos del rey Carlos III ya organizaron cacerías en la finca de Grosvenor antes, en el 2007 y en el 2012.
Y cuentan los lugareños que en una de esas cacerías abatieron nada menos que 800 perdices. Esta espectacular cifra me ha hecho recordar las 4.601 que Franco y sus acompañantes abatieron, el 18 de octubre de 1959, en los cotos de Santa Cruz de Mudela, también en tierras de Ciudad Real.
Como la finca era tan llana como la del duque de Westminster, el objetivo del fotógrafo no podía abarcar las aves y, en el centro de la masacre, a Franco que quiso inmortalizar esa carnicería. Así que usaron una gigantesca grúa para que, desde lo alto, fuera posible tomar la imagen. He de decir que la foto fue secuestrada por el Ministerio del Interior por su obscenidad y permaneció en sus archivos hasta que, en 1986 y por mediación de Tierno Galván, entonces alcalde de Madrid, se recuperó.
Hoy es uno de los tesoros de mi archivo. Y, si me lo permiten, antes de poner el punto final a este artículo, volveré al tema de la boda del duque de Westminster y Olivia Henson, porque sólo me queda desearles a los futuros esposos algo que viene, tras lo explicado, como anillo al dedo: que sean felices y coman perdices.