Kalina y Kitín de Bułgaria, los príncipes menos convencionales de Europa
La reaparición estos días de la hija del rey Simeón luciendo un cuerpo muy musculado ha puesto de actualidad su peculiar estilo de vida y el de su marido, que cumplen este año su 22º aniversario de boda

Kalina y Kitín junto a su hijo.
Por la edad que voy teniendo no es difícil que me encuentre con los hijos de esos padres que ya forman parte de mi vida. Es el caso de los reyes de Bulgaria, Simeón y Margarita Gómez-Acebo, a cuya boda asistí, en 1962, en la localidad suiza de Vevey.
Como ni el régimen franquista ni la sociedad de aquella época entendían el matrimonio de una pareja en la que la novia era católica y el novio, ortodoxo, la censura sólo autorizó la publicación de las fotos de Margarita. “Era como si me hubiera casado con un fantasma”, me reconocería la novia.
De este matrimonio nacieron cinco hijos, todos bautizados con un nombre que empieza por ‘K’: Kardam, Kyril, Kubrat, Konstantin y Kalina, que, ¡oh casualidad!, contrajo matrimonio con un joven que, a pesar de ser bautizado como Antonio José Muñoz, recibió el apodo de Kitín.
Kalina y Kitín de Bułgaria, hechos el uno para el otro

Kalina, de 52 años, lleva años practicando deporte y haciendo rutinas con pesas.
El destino quiso que la hija pequeña del rey Simeón y Kitín se conocieran a principios del 2000 y que descubrieran que estaban hechos el uno para el otro.
Kalina Sajonia-Coburgo y Gómez-Acebo, que ha sido actualidad por unas fotos que fueron tomadas en la repatriación del cuerpo de Fernando I de Bulgaria en las que se la veía muy musculada, siempre ha tenido un estilo poco convencional.
Con 52 años, se caracteriza por sus ‘looks’ con turbantes y complementos bereberes y por su aspecto tras haber sufrido una grave infección dental, y ha sido siempre una princesa moderna y alejada del estereotipo clásico de ‘royal’. “Soy deportista. Me dedico al entrenamiento”, ha declarado Kalina, que desde hace años sigue una rutina de levantamiento de pesas. Siendo como es, está claro que la hija del rey Simeón encontró en Kitín a su media naranja (y viceversa).

Kalina y Kitín con su hijo.
Con él se casó en el 2002 y tienen un hijo, llamado Simeón Hassan, de 17 años; ha llevado una vida nómada, pasando largas temporadas en Marruecos, y comparte con él proyectos, como una expedición a la Antártida, la recuperación de culturas aborígenes y la creación de contenidos para documentales, entre otras muchas cosas.
Los dos comparten el mismo espíritu libre

PASIÓN POR LA AVENTURA. Kalina y Kitín, padres de un niño, Simeón Hassan, han vivido 15 años en Marruecos y también han realizado expediciones a bordo de balsas de bambú.
Por su parte, Kitín, científico, explorador, navegante, aventurero y exmiembro de los Boinas Verdes, es hijo de un militar destinado en el antiguo Sáhara español. El azar quiso que naciera en Sidi Ifni hace 65 años.
De espíritu bohemio y nómada, este viajero incansable, embajador de buena voluntad de la Unesco desde 1997, es especialista en los sistemas de navegación antigua. Descendió el Nilo en piragua, cruzó el Mediterráneo, de Montecarlo a Túnez, en una tabla de windsurf; atravesó España y parte de Marruecos en ultraligero, convivió con una comunidad indígena de las islas Fidji, viajó al Polo Norte y atravesó los océanos en balsas de juncos, que protagonizaron tres expediciones ‘Mata Rangi’, en una de las cuales tuvo de compañera a su esposa, que quedó fascinada por aquel viaje y declaró: “Cuando navegué a bordo de la ‘Mata Rangi’ me impactó el crujido de toda la arboladura y de la estructura de la cabaña de bambú, atada con lianas y sin ningún clavo en toda la balsa. Ahí me di cuenta de lo primitiva que era la embarcación y comprendí las palabras de Kitín cuando dice que una balsa de juncos es una isla flotante que navega”.

Kalina y Kitín en un una imagen de archivo.
Está claro que la pareja comparte el mismo espíritu libre y una filosofía de vida que huye de los convencionalismos establecidos y el protagonismo social. Su matrimonio, podemos decirlo así y sin temor a equivocarnos, es toda una aventura.
Comprometidos con la cultura de los pueblos del desierto

Kalina y Kitiín en una expedición.
Después de 15 años viviendo en Marruecos y entre tribus del Sáhara, en pueblos remotos y comprometidos en una lucha por conseguir que la Unesco declarara Patrimonio de la Humanidad el festival Moussem de Tan Tan de los pueblos del desierto, Kalina y Kitín se mudaron a Bulgaria al palacio de Vrana, en Sofía, que yo conozco muy bien.
“Siempre hemos querido vivir aquí. Me casé en Bulgaria, tuve a mi hijo Simeón en Bulgaria y ahora cumplo mi sueño de volver”, ha declarado Kalina, que, hace un año, se convirtió en la primera princesa que ha ingresado en el prestigioso The Explorers Club, fundado en 1904 en Nueva York, y del que forma parte su marido, hace casi tres décadas.