Pedro Opeka: el sacerdote que levantó una ciudad en un vertedero
Varias veces propuesto para el Premio Nobel de la Paz, Pedro Opeka ha sacado de la miseria a cientos de miles de personas en Madagascar

Miles de personas vivían entre la basura. El sacerdote, en una de sus multitudinarias misas.
Akamasoa significa "buenos amigos" en lengua malgache y es también el nombre de la asociación que gestiona la ciudad que el sacerdote argentino Pedro Opeka ha construido sobre un vertedero a las afueras de Antananarivo, la capital de Madagascar. Allí viven, trabajan, estudian, juegan... más de 25.000 buenos amigos que cambiaron un destino marcado por la miseria por un futuro lleno de esperanza.

Lo primero fue dar de comer a los niños...
Nacido en 1948 en San Martín, provincia de Buenos Aires, Pedro es uno de los ocho hijos de una pareja de emigrantes eslovenos. A los 9 años, comenzó a trabajar en la construcción con su padre, convirtiéndose en oficial albañil a los 14. Un año después, Pedro le comunicó a su familia que quería ser sacerdote y comenzó a estudiar en un colegio de los misioneros paúles.
A los 17 años, construyó su primera casa en los Andes para unos indios mapuches sin saber que era un precedente de la que sería la gran labor de su vida. Al año siguiente, ingresó en la congregación de San Vicente de Paúl en Argentina y continuó con sus estudios en Eslovenia y Francia.
"Debemos ponernos a trabajar"

...lo segundo, educarlos. De hecho, algunos, convertidos en médicos o profesores, han regresado a Akamasoa para ayudar.
En 1970, viajó por primera vez a Madagascar y la miseria que allí vio caló hondo en su corazón. Cientos de chicos escarbando descalzos en un basurero de 20 hectáreas en las afueras de Antananarivo le llevó a pensar: "Acá no hay que hablar, porque sería una falta de respeto hacia ellos, sino que debemos ponernos a trabajar". No obstante tuvo que aplazar su proyecto para acabar sus estudios en Europa y obtener sus títulos en Filosofía y Teología.

2.500 personas trabajan en la cantera con la que se autofinancian.
A los 27 años, Pedro fue ordenado sacerdote y destinado al sudeste de Madagascar, donde vivió 15 años cultivando arroz con la gente. Cuando fue nombrado director de un seminario de la capital, decidió actuar. No hablaba bien el idioma y ser blanco suponía un obstáculo, así que, como buen argentino, se acercó a la gente a través de su otra gran pasión, el fútbol.

A sus 75 años, sigue trabajando y supervisando las construcciones.
Uno de sus primeros proyectos fue la remodelación de un hospital con la ayuda de la Fundación France Libertés que dirigía la exprimera dama Danielle Mitterrand, con cuyo hijo había jugado al fútbol Pedro en Francia.
Junto a aquel vertedero, en el que vivían unas 5.000 personas, el sacerdote creó una pequeña casa para alimentar y educar a los niños. Luego "reclutó" a unos jóvenes desempleados y, con sus conocimientos de albañilería, empezaron a construir casas. Tenían muy pocos recursos, pero con dinero donado por otras oenegés, lograron levantar una vivienda tras otra, además de escuelas, hospitales, bibliotecas, instalaciones deportivas...
"Que sean promotores de su propia promoción"

Pedro y un grupo de niños junto a casitas ya habitadas.
Buscando ser económicamente autónomos, animó a sus amigos a convertir una montaña de granito en una cantera de la que sacar grava y adoquines para vender –actualmente trabajan allí unas 2.500 personas– y puso en marcha un proyecto para extraer abono natural del vertedero, una empresa de reciclaje de basura y una red de albañiles, fontaneros, electricistas...
En 1990, se fundó oficialmente la oenegé Akamasoa y 15 años después, el lugar ya contaba con 17 barrios donde ahora viven más de 25.000 personas. En sus cinco guarderías, cuatro escuelas y un instituto hay más de 10.000 menores escolarizados.

Tras el mercado central, las casitas, aún por terminar, se ven todas iguales.
En 27 años de trabajo, el padre Opeka ha recibido numerosas distinciones, además de haber sido propuesto en más de una ocasión al Premio Nobel de la Paz, sin embargo, para él, su mayor logro es haber ayudado a más de 500.000 personas a salir de la miseria con sus propios recursos.
"Yo siempre les dije a ellos: “los amo demasiado como para asistirlos”, afirma el sacerdote. "El amor no es ayudar de manera perenne a un pobre, es darle trabajo, herramientas, y cambiarle lentamente la conciencia para que sea autor y promotor de su propia promoción", afirma.