Calor extremo: qué hacer para no deshidratarse
Aquí algunos consejos para evitar deshidratarse ante las altas temperaturas del verano

Para evitar la deshidratación, es fundamental tener cerca siempre un botellín de agua y tomar pequeños sorbos durante el día.
Las olas de calor de estas últimas semanas someten al organismo a una pérdida de líquidos constante, que debemos compensar y reponer para mantener una hidratación adecuada. De lo contrario es fácil que aparezcan síntomas como la fatiga, los mareos y dolores de cabeza.
Nuestro cuerpo necesita agua para funcionar y la falta de ésta, por mínima que sea, afecta al cerebro, disminuye la claridad mental, puede aumentar la irritabilidad, alterar la digestión y otras funciones. En condiciones normales, las mujeres deben consumir dos litros de agua al día y los hombres dos litros y medio, unas necesidades que pueden ser mayores cuando hacemos ejercicio y cuando sudamos en exceso.
Ayudará empezar el día con un vaso de agua, tener cerca un botellín de agua y tomar pequeños sorbos durante el día. Podemos ponernos una alarma para recordarnos beber. Agregarle al agua unas hojas de menta o unas gotas de zumo de limón ayudará a hacer la bebida más atractiva.
Alimentos ricos en agua

La sandía es una de las frutas con más agua, perfecta para el verano.
Son recomendables las infusiones frías siempre que no contengan cafeína, –una sustancia que deshidrata al igual que el alcohol–, los zumos de frutas naturales sin azúcar y el agua de coco. Conviene que la dieta incluya alimentos ricos en agua como las verduras y las frutas, que contribuyen significativamente a la hidratación global del organismo.
Son particularmente atractivos y eficaces para rehidratar el cuerpo tentempiés a base de frutas como la sandía o el melón. Además de beber, antes, durante y después de hacer ejercicio, podemos tomar bebidas isotónicas, que ayudan a reponer minerales perdidos durante la sudoración excesiva.
Población de riesgo: niños, embarazadas y ancianos

Los niños requieren una atención especial para evitar la deshidratación.
Los niños, que se mueven más y tienen un metabolismo más rápido, requieren una atención especial. Debemos ofrecerles agua de manera continuada. Las embarazadas han de tomar entre 2,3 y 2,5 litros durante el primer trimestre de gestación y de 2,5 a 3 litros en el segundo y tercer trimestre de embarazo.
Con la edad somos menos sensibles a la sed y por ello es más fácil que los ancianos se ‘olviden’ de beber y constituyen otro grupo de riesgo al que conviene recordar que necesitan hidratarse y tomar ocho vasos de agua al día.
Una micción menos frecuente, una respiración rápida o una somnolencia excesiva son signos de alarma de que la persona está deshidratada y requiere atención médica. Las personas con diabetes, enfermedades cardíacas o renales y las que toman diuréticos también registran más riesgo de deshidratación.
Asimismo, si tenemos diarreas frecuentes, además de seguir una dieta astringente, conviene beber de forma continuada y, en caso de superar las cinco deposiciones diarias, tomar sueroral hiposódico de venta en farmacias.
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