La desconocida profesión de Miguel Ángel Revilla
El expresidente de Cantabria y secretario general del PRC ha visitado 'El Hormiguero' para hacer un repaso de la política actual

Miguel Ángel Revilla, en su visita a 'El Homiguero'
Miguel Ángel Revilla (81 años) ha sido el invitado de este miércoles en 'El Hormiguero'. Después de las más de treinta veces que ha acudido al plató de Pablo Motos y de sus hormigas Trancas y Barrancas va como Pedro por su casa. Sin ir más lejos, el expresidente de Cantabria y secretario general del PRC estuvo el pasado mes de junio y es tal la confianza que tiene que incluso le preguntan por la calle que si cobra por ir al programa. En esta ocasión, el político ha acudido a hablar largo y tenido sobre la situación política actual y promocionar su nuevo libro.

Miguel Ángel Revilla, en su visita a 'El Hormiguero'
Sin parar de hablar, tanto que no ha dejado ni articular palabra al presentador de televisión, que no le ha quedado más remedio que llamarle la atención, Miguel Ángel Revilla ha dado su opinión sobre los temas candentes del momento: desde las explosiones en el Líbano a la actual situación económica de los jóvenes.

Pablo Motos
Pero lo que ha llamado mucho la atención es que ha desvelado una profesión desconocida y muy particular que tuvo en los años 70. "Hay mucha mandanga esta noche pero antes he descubierto una cosa de tu biografía y que me gustaría comentar para que todos lo sepan. Fuiste exportador de caracoles a Francia", le dice Pablo Motos mientras que Revilla le contesta 'sí' en francés riéndose.

Miguel Ángel Revilla
"Tenía un mejor amigo que murió, muy buena persona. Tenía un camping y me dice un día que si podría conseguir una licencia de exportación porque en Francia los caracoles los devoran. 'Te encargas de la exportación, compramos una furgoneta y uno del camping nos lo paga a 35 pesetas", empieza contando el político. Y añade: "Compramos una furgo de cuarta mano, llega el momento en el que el día de autos tenemos 3.000 kilos y el se dedica a ir a todas las tiendas a comprar jaulas de fruta para meter a los caracoles. En la víspera del viaje, metimos 1.000 kilos en 100 cajas con la furgoneta hasta arriba. Llegamos a la frontera, tardamos cinco horas y media y pasamos los controles y llega una recta inmensa. Todo iba bien".

Miguel Ángel Revilla
Fue entonces cuando empezaron a pitarles varios coches y no entendían nada. "Yo decía 'estos cabrones franceses que nunca nos han podido ver'. Pero seguían pitando. Paramos, aparco el coche y palabra de honor que todos los caracoles habían salido por el coche, del envoltorio. No se había caído ninguno. Al final menos mal que conseguimos venderlos e hicimos dos viajes más, nos salió rentable", ha contado entre risas.