Tamara Falcó: su bonita relación con su suegra
En un viaje muy familiar a Roma, la marquesa de Griñón ha demostrado que la relación con Carolina, la madre de su marido, es cada día mejor

Tamara y Carolina frente al Coliseo romano.
Después de su boda en julio, la luna de miel de rigor y unas vacaciones por aquello de que era verano, Tamara Falcó sigue disfrutando de una de sus pasiones, los viajes, y ha estado en la Ciudad Eterna con su esposo, Íñigo, y los hermanos de éste, Alejandra y Jaime; su abuela, María Eugenia, y también su madre, Carolina Molas.
Muchos se preguntarán cómo es posible que la marquesa, recién casada y aún con la ilusión propia de los primeros y chispeantes meses de matrimonio, no tenga reparos en viajar, no sólo con los Onieva, sino, sobre todo, con su suegra. La respuesta es simple: se lleva con ella a las mil maravillas, fenomenal, vamos.
Hay que tener en cuenta que, además de compartir aficiones, como viajar y la gastronomía (Tamara es chef Cordon Bleu y Carolina es una foodie, le encanta comer y descubrir restaurantes), nuera y suegra sólo se llevan 13 años, ya que la colaboradora de ‘El hormiguero 3.0’ tiene 41 años y Carolina, 54.

Tamara con la familia Onieva
Esa proximidad generacional ayuda a que las dos compartan gustos, coincidan en parte de su visión del mundo y se compenetren tan bien. Pero ¿quién es la madre de Íñigo? ¿Cómo ha transcurrido la vida de esta mujer, discreta y elegante, que dirige su propio negocio y se ha convertido en suegra de una de las "socialités" más famosas de nuestro país?

tamara falcó e iñigo onieva en la fontana di trevi
Carolina Molas, que nació en Bilbao, tiene cargos directivos en 19 empresas del grupo familiar y es CEO de Cemevisa, dedicada a la distribución de electrodomésticos, explicó, en una reciente entrevista en ‘Forbes Woman’, que en el año 1983 su familia se vio obligada a dejar el País Vasco por las amenazas de ETA.
"Dejamos el País Vasco un día, a las 5 de la mañana"

El día de la boda de Íñigo y Tamara, posando también con su madre y su hija Alejandra.
"Nos tuvimos que venir a Madrid. Entonces, yo tenía 15 años. Salimos huyendo una madrugada sin coger nuestras cosas y nunca más pudimos volver a casa. Fue muy traumático", recuerda Carolina de esa época. "Nos fuimos a las 5 de la mañana, cada uno en un coche, con el perro, las tortugas, nevando... Ya en Madrid, estuvimos viviendo en hoteles y, cuando por fin nos instalamos en una casa, nos íbamos mudando porque nos iban descubriendo. Tardamos años en vivir tranquilos", añade esta mujer, gran amante del arte, pasión que ha heredado de su padre y que compagina muy bien con la devoción por su trabajo. "Esta empresa es como un hijo. Me ocupo de su crianza, su crecimiento y de que su corazón siga palpitando", afirma. Pero no lo tuvo fácil.
Se hizo cargo de la empresa tras la muerte de su padre

Carolina.
Reconoce que cuando, en el 2014, después de fallecer su padre, entró a dirigir el negocio, que forma parte de un sector, el de los electrodomésticos, muy masculino, le pareció "casposo". Y lo explica así: "Era la única mujer y ser tan joven no ayudaba, aunque reconozco que siendo propietaria lo he tenido más fácil. Ahora, todo ha cambiado muchísimo".
Y, a pesar de que la empresa, bajo su batuta, ha crecido un 107 por ciento, y de haber recibido el premio CEO del Año en Distribución de Electrodomésticos de Consumo en el 2022, confiesa que cuando era jovencita nunca pensó en dedicarse a la empresa familiar.
"Fui madre muy joven y con 25 años ya tenía cuatro hijos"
De hecho, Carolina había estudiado Diseño de Moda e Industrial. "Soy creativa y el trabajo de mi padre no me llamaba mucho la atención. Pero fui madre muy joven y me puse a trabajar con él. Empecé a generar familia con 20 años y, a los 25, ya tenía cuatro hijos. Uno de ellos falleció de meningitis a los 7 años", revela, antes de añadir que, a pesar del golpe que supuso, aprendió a aceptarlo. "Aunque costó mucho", reconoce.
Para esta empresaria, que ha estado casada dos veces –con el padre de sus hijos, Íñigo Onieva, y después, con el consultor inmobiliario José Ignacio Guadamillas, de quien se separó el año pasado–, su familia siempre ha sido fundamental y, a pesar de las obligaciones y su apretada agenda, ha estado muy pendiente de sus hijos. "En mi casa todos colaboran. Los chicos también, de siempre. Han salido así. No sé si tendré algo que ver. Yo he sido una madre muy cercana, me llevo pocos años con mis hijos", explica.