Amparo Soler Leal, gran dama de la escena y el cine español
Descubre la vida y legado de Amparo Soler Leal, una distinguida dama de la escena y el cine español. Desde sus inicios en el mundo artístico hasta su huella imborrable en la cultura española, exploraremos la trayectoria de esta talentosa actriz.

Amparo Soler Leal nació el 23 de agosto de 1933 en alguno de los pueblos por los que sus padres, los actores Salvador Soler Marí y Milagros Leal Vázquez, estaban de gira, pero fue inscrita en Madrid, de donde era originaria su madre.
Según algunas fuentes, ésta era hija ilegítima del compositor Amadeo Vives, autor de la célebre zarzuela "Doña Francisquita". Extremadamente religiosa y de derechas, Milagros Leal quiso que su hija se educara en carísimos colegios de monjas francesas, de donde, sin embargo, la echaron varias veces "por ser hija de actriz".
Debutó en el teatro a los 13 años, con sus padres

Aunque sus padres no querían que Amparo siguiera sus pasos profesionales, la niña creció entre bambalinas y, siendo apenas una adolescente, decidió que sería actriz, "para poder fumar, cruzar las piernas, ponerme medias y salir con chicos por las noches", explicaba esta mujer de rebosante vitalidad y contagioso humor.
Así, con 13 años se subió por primera vez a un escenario en la obra "No me mientas tanto", de Alfonso Paso, con sus padres, y aquella primera experiencia le despertó una pasión por la interpretación que ya nunca más la abandonó. Luego fue meritoria a las órdenes de Luis Escobar en el teatro María Guerrero, donde llegaría a ser primera actriz.

En 1952, su madre la introdujo en el cine y actuaron juntas en "Puebla de mujeres", aunque la película que le dio popularidad fue "Usted puede ser un asesino", de José María Forqué. A partir de entonces fue una de las actrices más cotizadas de la pantalla, llegándose a convertir en la única intérprete española que trabajó en siete ocasiones con Luis García Berlanga, la primera de ellas en "Plácido" (1961).

Cuando el filme fue nominado a la mejor película extranjera en los Oscar, viajó a Hollywood con Berlanga. "Fue una experiencia muy divertida. Nos recibieron todos los grandes directores y pude codearme con grandes estrellas como Joan Fontaine, Olivia de Havilland, Bette Davis...", recordaba la actriz en cierta ocasión.
Con Berlanga le unió una gran amistad y lo definía como "un hombre solitario, que le encantaba aislarse y era muy misógino. Para salir a tomar una copa era más simpático y charlador Buñuel". Para el famoso realizador aragonés trabajaría en "El discreto encanto de la burguesía" (1972), con Fernando Rey y Jean-Pierre Cassel.
Adolfo Marsillach, su primer marido

En 1961, a los 18 años, se casó con el actor Adolfo Marsillach. "Hubo un punto de rebeldía al dar aquel paso, ya que era la única manera de irse de casa, pero también contaba el hecho de que, en su momento, estuve enamorada de Marsillach, lo que pasa es que luego me hizo muchas faenas".
En 1962, protagonizó una de sus películas más populares, "La gran familia", en la que interpretaba el personaje de una madre de 15 hijos, casada con Alberto Closas. "Con 29 años hice de madre de familia numerosa, cuya hija mayor, María José Alfonso, tenía un novio, Paco Valladares, que era mayor que yo. Me tiñeron el pelo de oscuro, me hicieron un moño y acepté la película a sabiendas de que la gente iba a pensar que tenía unos 35 años". Fue un gran éxito, pero la segunda parte no la aceptó porque iban a ponerla de abuela.

Soler Leal era una adelantada a su época porque, a los dos años de casarse, se separó y al poco tiempo se marchó a vivir con Alfredo Matas, entonces propietario de un cine en Barcelona y luego productor cinematográfico. Tras lograr la nulidad eclesiástica, se casó en segundas nupcias en 1969 con Matas, que sería el hombre de su vida, hasta que falleció de un cáncer de pulmón en 1996.
La pareja no tuvo hijos y la actriz jamás se arrepintió de esa decisión. "Tenía que hacerme una operación muy complicada y fue pasando el tiempo y acabé dejándolo correr. Pero me alegro de que fuera así, porque cuando veo los problemas que causan los hijos de mis amigas...". Con todo, la actriz quiso con locura a las dos hijas que su marido había tenido en un anterior matrimonio. El secreto de su buena relación, según la actriz, estaba en que ella llevaba los pantalones en casa, "pero nos compenetrábamos y, al tener diferentes profesiones, no nos contábamos los rollos del trabajo".
Actriz en las grandes películas de Berlanga

Tras haber protagonizado en 1975 "La señorita Julia", se alejó de los escenarios para centrarse en su carrera cinematográfica. Alfredo produjo para su mujer algunos de los clásicos del cine español como la trilogía "La escopeta nacional" (1977), "Patrimonio nacional" (1981) y "Nacional III" (1982), de Luis García Berlanga, o "La vaquilla" (1985), del mismo director y considerada una de las mejores películas sobre la guerra civil.
También destacó su trabajo en "Mi hija Hildegart" (1977) y como esposa de Agustín González en "Las bicicletas son para el verano". Su última película fue otra de Berlanga, "París Tombuctú" (1999), con Concha Velasco y Michel Piccoli.
En 1985, su marido creó la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, organismo que concede los premios Goya, a los que nunca estuvo nominada pese a ser una de las grandes actrices españolas. Algo de lo que se dolía porque, según confesó hace poco, "me lo merecía". Pero su maestría no tuvo apenas reconocimientos, salvo sendos Fotogramas de Plata por "La gran familia" y "Bearn o la sala de muñecas", una de sus películas preferidas, o el Premio ACE de Nueva York por "El Crimen de Cuenca" (1980), de Pilar Miró.

La tele no fue santo de su devoción, pero se dejó tentar por series como "Tres eran tres", de Jaime de Armiñán, "El olivar de Atocha" y "Querido maestro", y fue presentadora del programa "Juego de niños".
En 1994, volvió al teatro con "Amanda", obra a la que seguirían "El zoo de cristal", "La Celestina" (el mismo papel que interpretó su madre) y "Al menos no es Navidad", con Asunción Balaguer. La actriz confesó que se había reído mucho al leer en la biografía de Alfredo Landa que ella y su marido le habían propuesto participar en una orgía. "Alfredo no está en sus cabales. Con lo feo que es, ¿cómo íbamos a proponerle eso?".
Tras su muerte, una fiesta para sus amigos

Fumadora impenitente, su mala salud de hierro la llevó a retirarse definitivamente (su último trabajo fue el telefilme de Mireia Ros "Wendy Placa 20957") y se recluyó en el ático de Barcelona en el que vivía desde hace más de tres décadas en compañía de su perra Ceporra, quinta de una serie de teckels que tuvo como mascota. Sólo salía para comprar, ir a la peluquería o jugar con sus amigas al bridge. Con su habitual ironía decía que, "si me llamara Steven Spielberg para hacer de dinosaurio, lo rechazaría".
Amparo Soler Leal murió de una insuficiencia cardíaca, mientras dormía, el 25 de octubre de 2013. No quiso capilla ardiente ni funeral. Sus restos mortales se incineraron en la intimidad y, tras su discreto mutis por el foro, sus amigos la recordaron en una "fiesta" con champán y música de Serrat y tango, sus preferidas.